Episodio I. Despierta, Eva


Soy Eva. Estaba vacacionando en el Génesis. Un tal edén, había acotado un lugareño por demás extraño a juzgar por dos alas que asomaban en su espalda. Se terminó la joda, parece. El barbudo, que debe ser el gerente, nos increpa con dureza por no entiendo muy bien qué contravención cometida: –¡A partir de ahora esto ya no es un spa! —vocifera.
Cuando digo nos, me refiero a mí y a este espécimen que se encuentra a mi lado, que no ha dejado desde el comienzo de este tour de echarme en cara la vida que estoy llevando gracias a una costilla de él.
Como después sabré, esto seguirá ocurriendo por el resto de la eternidad: Soy la última en enterarme de todo.
— ¿Qué costilla? ¿Cuál manzana? Aclaremos, muchachos, que oscurece y se me hace tarde para cocinar la cena del que dijeron era mi marido.
El barbudo sigue vociferando. Yo, que hasta ese momento pensé cumplir al pie de la letra con mis obligaciones de ama de edén, viendo que mi compañero no emitía sonido, me calenté con el que no sé por qué nos gritaba y dije: —Disculpe, Señor, ¿qué tal si comenzamos desde un principio?
—En un principio fueron las sombras...
—No— le interrumpí— nuestro principio, ¿o no nos estaba gritando a nosotros?
—¡Ah! Lo de la imagen y semejanza. Te explico, hija. Después de las sombras (saldrá a la venta un libro que cuenta con más amplias explicaciones) y de todo lo demás a tus ojos visible por mí creado, me dispuse a descansar. En mis ratos libres, hojeando un manual de estrategias de marketing, proceso que va desde la determinación de la necesidad de un producto en el mercado, hasta la satisfacción del mismo, me di cuenta de que, lo que justamente me faltaba, era el mercado.
—¿Cómo, y nosotros? Mire que este lugar es una verdulería de primera; una estira la mano y...
—Piano, piano, hijita. Ustedes todavía no existían
—Piano, ¿qué es piano? (Esa nueva palabra había sacado a mi marido del letargo en el cual se hallaba sumergido desde el inicio de la conversación)
—Piano, hijo, es un instrumento musical magnífico...
—¡Yo quiero, yo quiero! —saltaba mi hombre. (Segunda cosa de la cual también después me enteraré: por el resto de la eternidad se encargará de hacerme sentir culpable por las cosas que él no logra conseguir)
—Prosigo: viendo tanta maravilla por mí creada, me faltaba algo que la consumiera y, por qué no, disfrutara.
Mi hombre, caído en letargo nuevamente, debería estar ahora pensando cómo conseguir el piano.
—Gorda, yo sé que te encantaría tener uno, vamos a ver cómo hacemos...
—¿Piano, yo? Querido, estoy hablando con el Señor de cuestiones existenciales.
—¡Evas! Siempre pensando en las mismas boludeces: Coelho, Chopra, Freud y toda la prole.
— Entonces, tomé un poco de barro y modelé al que hoy es tu compañero a mi imagen y semejanza, poniéndole por nombre Adán.
—Y yo, ¿cuando aparezco?
—Casi inmediatamente, hijita. Reconozco que debí haber errado en la elección del lodo. Cuando lo vi medio endeble, supe que la estrategia de marketing fracasaría. Fue entonces que pensé: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda adecuada”
(Tercer cosa que me despacho ocurrirá por el resto de la eternidad: Mi sexo será utilizado para llevar a buen puerto cuestiones de marketing)
—¡Ah! Me quedo mucho más tranquila. Yo, únicamente, vengo a ser la ayuda adecuada para un fango endeble que, de no ser por mí, echaría por tierra todo tu trabajo.
—¿?
No contestó. Después nos preguntaremos de dónde salió el machismo.
—Lo dormí profundamente entonces...
—Costumbre que por los siglos de los siglos adoptaría, llueva, truene, caigan rayos o centellas —añadí.
—Y le quité una costilla para formarte a vos.
—¡Ah! Dormido. ¡A ver si despierto le conseguías sacar algo! Y encima me lo echa en cara. ¿Y la manzana cuándo aparece?
—Puse a disposición de ustedes este magnífico "Resort" con la única condición de que no probaran fruto alguno del árbol del bien y del mal. Vos desobedeciste, tentando al varón.
—¡Esto no te lo admito! Me hablaste de una costilla, pero jamás de unos cuantos pares de neuronas menos como para justificar que yo lo tentara. A no ser que, por lo del fango endeble, quizás, estas neuronas hubiesen, sin querer, descendido transformándose en dos bultitos... ¿Este tipo no piensa por sí mismo?
—Ya lo va a decir una abuela: “Dos pelos del ahí femenino tiran más que una yunta de bueyes”. Como sea, hija, el castigo será: Vos, Eva, parirás a tus hijos con dolor y él, ganará el pan con el sudor de su frente.
Mi marido, al escuchar la palabra sudor despabiló de nuevo.
—Creo, Maestro, que está confundido— acotó—. Vi en una película que ella paría mientras yo fumaba afuera y después salía de juerga a festejar con amigos. ¿Y de qué pan habla? Lo que quiero es un piano.
—Eso, hijo, te va a costar unas cuantas gotas más de transpiración.
—Te dije, gorda, pará de pedir, que al final voy a vivir empapado para satisfacer tus caprichos.



—Mami, te quedaste dormida. Terminá el cuento.
En mi mano aún sostengo la Biblia para niños. Acaricio y beso sus caritas. Desde que me separé, estoy exhausta. No por mi castigo divino, no hay dolor más sublime y dulce que el de parir, sino por los terrenos. Creo que a la ley de éste y de tantos países, se les resbaló el Génesis. Seguiremos pariendo con dolor y ganando el pan de los que también son sus hijos con el sudor exclusivo de nuestra frente si, por esas cosas del destino, nos tocó en el reparto uno de esos ex que proyectan en su vida únicamente fumar y pensar en instrumentos varios.

Ahora, me queda una gran duda, ¿seremos, como dicen, fruto de una costilla del hombre? Para mí que el Señor, distraído, no se dio cuenta de que sus animales jugueteaban y que somos, en realidad, las hijas de la pavota.


4 comentarios:

  El poeta zurdo

23 de julio de 2008, 13:52

He leído este primero. Me encanta, pero como soy susceptible, dejaré los dos siguientes para la semana quie viene ¡¡Espero que sigan ahí!
Me alegra un montón que el mítico/gótico "Arden hembras" haya echado por fín a andar (Empezaba a oler a cerrado, como una buhardilla, como el besos lascivo del cura al monaguillo...)

Millones de besos, guacha, y QSEUQTLEA

  Paola Cescon

23 de julio de 2008, 14:27

Dear Poeta:
¿Usted susceptible? ¡No joda! Seguirán acá, como todo lo que también sabe, seguirá acá.Hay más, algunos los conoce, ¡je!
Me encantó lo de "mítico/gótico", estaba todo muy encerrado ¿vió? como sus vacíos llenos de nada, había que sacar a ventilar, ya apestaba lo tanto tiempo guardado.
Más millones de besos
"Cabashooooos y plashasss" para beneplácito de sus oídos.
QSLUQTEE

  ImagaZool

21 de agosto de 2008, 11:58

Me gusto lo que lei, pero cuando me quiero suscribir por RSS, solo me aparecen los titulos.

Es algo que tenes que modificar en el perfil, si te interesa.

Te sigo leyendo!

Slds!

  Paola Cescon

30 de agosto de 2008, 15:14

Imagazool:
Creo que ya está solucionado (digo creo, porque a seguro, como decía mi abuela, se lo llevaron preso)
Saludos y nos veleemos!